• Daniel Arnaldos

yo de mayor quiero ser como SOPHIE

Actualizado: feb 4


SOPHIE murió hace unos días. Tenía 34 años. Desde que empecé a cantar “seriamente” y abandoné la “creación” de mi propia música ha habido dos eventos que me han hecho replanteármelo todo como artista y como persona. Dos álbumes: El mal querer de Rosalía y Oil of Every Pearl's Un-Insides de SOPHIE. Los dos se publicaron en 2018 y hasta entonces nunca me había obsesionado tanto con nada. De adolescente me pasó algo parecido con el Requiem de Mozart y con el primer álbum de Justice. He tenido que esperar más de una década para sentirme así de nuevo, para encontrar música que me cambie al escucharla. Que me enseñe el camino que quiero andar como músico. Puedo decir que de una manera u otra todo lo que he cantado me ha cambiado por el simple hecho de que uno cambia literalmente mientras canta y la música que decides cantar (o te toca cantar) pasa siempre a formar parte de tu historia personal. Es entonces cuando hablamos de que esa música que has cantado la llevas dentro. Ya nunca será algo externo. Por ejemplo, en noviembre canté Die Schöne Müllerin de Schubert y después del concierto pude observar claramente cómo yo era distinto del “yo” que empezó a estudiar el ciclo de canciones en verano. Cambias porque el propio reto hace que necesites adaptarte, como cualquier ser vivo que cambia de ecosistema o medio, te ves forzado a cambiar para sobrevivir. Nueva música, nuevo rol, nuevo compositor, nuevo teatro, nuevos compañeros… toda novedad requiere y genera cambio y transformación. Esa es la gran satisfacción que me da el ser intérprete: ser/hacer música no tiene nada que ver con escuchar música. Cantar Schubert no es escuchar a alguien cantando Schubert. Pero luego llegaron Rosalía y Sophie, e igual que Mozart y Justice en su momento, me impactaron como oyente, sin yo hacer nada más que darle al play. "Esto es especial". "Esto me ha cambiado". "Esta música forma parte de mí". "Este es mi camino". Ese poder de influencia es lo que creo que define la grandeza de un músico (intérprete o creador). Eso es lo que tienen todos los grandes en común, que llaman a otros creadores a crear. Nos enseñan el camino. Nos motivan. Monteverdi, Bach, Mozart, Beethoven, Wagner. Estos son los grandes nombres de la historia de la música occidental no porque su música fuera más o menos popular en su tiempo o vendiese mucho, que son conceptos más bien modernos relacionados con el capitalismo, sino por la influencia que han tenido en otros músicos posteriores. Sobre Wagner por ejemplo, Alex Ross dice algo así como que después de su música todo es de alguna manera una respuesta a ella, o bien en forma de rechazo o como aproximación. Si conoces la música de Wagner te pasará como a mí, que todo lo que oyes lo puedes relacionar de alguna manera con él. De verdad, no he escuchado nada compuesto desde 1850 que no se vea de alguna manera influenciado por su música. Es tal la influencia que la mayoría de músicos de hoy se ven influenciados por él incluso sin conocerle. Esa es la grandeza de un gran músico o intérprete. Un gran artista.



Hablando de creadores que enseñan el camino a otros artistas, ¿qué tiene esto que ver con la ópera? Te lo explico: la ópera como género está en la UCI por dos motivos relacionados entre sí. El primero es que hay una escasez de cantantes que inspiren a otros cantantes. Los troles/odiadores de internet específicos del mundo de la ópera se quejan constantemente de que hoy no se canta como antes, que los cantantes de hace 50 años cantaban genial y que ahora no hay emoción en el escenario etc... Puedes llamarles nostálgicos o conservadores pero algo de razón tienen. En el otro lado del debate, uno de mis profesores siempre me recuerda que hoy se canta mejor que nunca, porque hay mucho más conocimiento sobre el tema técnico que antaño. Muchas más sopranos pueden hoy cantar una reina de la noche estupenda a nivel técnico que hace unas décadas. Tiene sentido, como en cualquier disciplina que requiere una habilidad técnica la competencia es cada vez mayor y más gente corre más rápido en general y más gente salta más alto etc… Esto dice mucho sobre la obsesión del mundo de la ópera por la técnica, pero ¿qué pasa con la influencia artística, que es la que hace que otros se vean llamados a hacer ópera?. Yo voy al teatro en busca de esa “inspiración”, de ese cantante que me recuerde que cantar ópera merece la pena porque tiene el potencial de cambiar al espectador que esté escuchando con atención. Pero no lo encuentro. El repertorio operístico, es decir, las óperas de Mozart, Verdi, Wagner, Puccini etc, tienen ese poder de cambiarte, son grandes obras de arte, pero necesitan de intérpretes con voluntad de autenticidad y esto parece ir contra los objetivos de “la industria”. El segundo motivo por el que la ópera va en camino de extinguirse es la falta de creadores. Faltan SOPHIES y Rosalías. Las personas que componen óperas hoy en día pertenecen al mundo académico. Están totalmente desconectados de la realidad de los músicos que se suben al escenario noche tras noche, totalmente desconectados de las realidades de los diferentes públicos. Los pocos compositores que hacen música para teatros tienen además, de partida, una tarea imposible, la de satisfacer las expectativas del mundo académico y la de crear un lenguaje único y propio que les defina y sea totalmente original. Los propios intérpretes encargados de dar vida a estas composiciones, cantantes, directores, músicos... rara vez se sienten inspirados por esas pocas obras que se estrenan. La consecuencia: nadie influye a nadie, poca gente va al teatro y dice: “Yo tengo que hacer algo así”. Como intérpretes y como creadores necesitamos gente que nos muestre el camino para luego poder nosotros ser los que mostremos el camino a otros. En la ópera ahora mismo parece no haber un camino que seguir que te lleve a algún sitio. Es más bien un callejón sin salida. Por eso prefiero seguir el camino que me ha abierto SOPHIE. Crear, además de cantar, será mi homenaje a su vida.


SOPHIE no es "compositora" en el sentido de esa imagen falsa y fabricada que tenemos de los grandes como Mozart o Wagner, es una creadora multidisciplinar del siglo XXI igual que lo fueron también Mozart en el s.XVIII y Wagner en el s.XIX. Cuando pienso en cómo quiero que mi carrera como creador sea, me doy a menudo de bruces con la problemática del vocabulario que define a los creadores. Estudié “composición”. Se me enseñó el contrapunto de Bach, la orquestación de Mahler, la armonía clásico/romántica. Mucha teoría, pero se les olvidó decirme que para hacer música hay que ser músico. En el mundo académico se cree que componer es lo mismo hoy que hace dos siglos, basado en una idea parcial de lo que suponía ser entonces compositor. Yo con esto nunca me sentí cómodo y por eso terminé cantando. No sabía entonces que la gente que hace música influyente hoy, no se definen como “compositores”. En el siglo XXI los músicos con más influencia, es decir los grandes creadores que nos enseñan a otros el camino, se llaman productores. Es, en mi opinión, una palabra horrible, más relacionada con lo industrial que con lo musical, pero tiene sentido en nuestro tiempo, en el que la música se ve como un producto de consumo en poco diferente a un lavavajillas o un bolígrafo de punta fina. Desde Quincy Jones o George Martin hasta SOPHIE o Arca, estos son los músicos que tienen hoy influencia real. Son los que cambian el juego de la creación musical porque motivan a otros músicos a crear. SOPHIE me ha enseñado que es necesario pensar mucho más queer para poder derribar esas barreras mentales que tengo con respecto a los oficios de la música. En el mundo real no tiene por qué existir una división entre creación musical y ejecución. Para mí ser un músico completo no pasa por elegir entre el falso y artificial binomio compositor/intérprete. Es una lucha que tendré que seguir luchando probablemente toda mi vida. Pero cada vez que me venga flojera, recordaré a SOPHIE, que me enseñó que ser un músico completo es posible. Ser una persona completa es posible. Ser auténtico es el único camino que merece la pena seguir.

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