• Daniel Arnaldos

arenas movedizas

Me prometí, a mí mismo y a nadie más, que iba a escribir sobre técnica vocal una vez al mes. Pero este mes no me apetece. Publiqué la segunda entrega de mi serie técnica vocal queer el 20 de febrero y conforme se fue acercando el 20 de marzo anotaba cada día en mi BuJo: “hoy toca escribir”. Pero no lo hice. Hoy estamos a 22 y he decidido poner remedio a mi auto-traición haciéndolo mi prioridad. Venga, manos a la obra… Pero es que de verdad que no me apetece. Cuando uno está agotado no le puedes pedir que corra. Pero, ¿agotado de qué, si tengo todo este mes libre? Pues de eso mismo. Agotado de estar 100% solo en lo laboral, 100% aislado en lo social y de tener que tomar cada decisión cada segundo sin ayuda de nadie desde hace ya un año.

Imagina que la vida es andar. Antes de la pandemia tenía un suelo bastante firme. Podía estar ahí kilometros y kilometros yendo a mi destino sin prisa pero sin pausa. A veces me confiaba, pegaba acelerones y claro, o me salían ampollas o tenía agujetas en las piernas al día siguiente. Pero eso tampoco está mal, porque así aprendes dónde están tus límites de energía y vas haciendo fondo. Cuando llegó la pandemia mi sensación inicial fue como de que el terreno se hacía un poco más inestable, pero sin grandes dramas, como que pasé a estar andando por una playa de arena fina. Unos meses de parón y luego ya veremos. Estaba entonces muy equivocado, pero en mi cabeza yo me hice la película de que después de esa durísima y dramática primera ola con su correspondiente confinamiento, todos los gobiernos pondrían en práctica una política de incidencia mínima, en la que se priorizaría la capacidad de rastreo y no se permitiría bajo ningún concepto una “convivencia” con el virus por motivos comerciales o económicos. Mi doloroso error de cálculo fue el pensar que la gente estaría dispuesta a sacrificar su vida social para que todos pudiéramos seguir teniendo actividad laboral. Sería por fin el momento de la solidaridad. Y claro, no ha sido así. En Alemania, donde llevan los teatros cerrados desde Noviembre, se acaba hoy de extender la restricción hasta el 18 de Abril. Casi 6 meses en los que ha sido ilegal que yo trabaje, mientras la vida social ha seguido prácticamente sin restricciones. La falta de actividad sumada a la rabia acumulada por la gestión y la sensación de abandono por parte de la sociedad y el gobierno son los pensamientos que más han definido mi invierno. Volviendo a la metáfora vital: el terreno por el que ando desde noviembre no es ni asfalto, ni playita: son arenas movedizas. Toda mi energía se va en no hundirme. Andar es literalmente imposible. Explícame, ¿a dónde va un cantante de ópera cuando los teatros de ópera están cerrados? A ningún sitio. Afortunadamente tengo dos ramas de las que agarrarme para que la cabeza no se hunda y poder seguir respirando. La primera es mi situación económica, porque incluso sin actividad sigo cobrando de los teatros para los que estaría trabajado (si se pudiera trabajar). Si no tuviera eso… no quiero ni pensarlo. La otra rama, que es totalmente dependiente de la primera, es mi salud mental que no me está fallando y es necesaria para poder sobrellevar esta situación con una cierta claridad. Con esos dos pilares ya me puedo dar con un canto en los dientes. Pero ahora mismo no hay ópera, ni tampoco hay expectativa alguna de cuándo la va a haber, ni de cómo va a ser. Tampoco tengo la certeza de que a alguien le importe que esto sea así. La gente se MUERE por salir de fiesta, por celebrar eventos con sus familiares, por tener una cita con uno de Tinder diferente cada semana o por ir a la playa, pero yo no conozco a nadie que diga: “o voy a ver Tosca o, ¿de qué sirve la vida?”. Aunque me gusta mi trabajo, no le encuentro ahora mismo el sentido a nada. Es normal. De ahí la lógica de utilizar este tiempo para probar alternativas laborales, como compositor y como pensador, es decir como creador. Pero crear algo que no existe supone una lucha interna muy fuerte cuando no tienes ninguna motivación externa. Hace un tiempo leí algo así como que Taylor Swift había escrito 423 canciones durante la pandemia (número inventado). Imagina tener toda la ayuda del mundo y más. Eso es Taylor Swift. Imagina estar solo en un estudio de 15m en el centro de Amberes con un Macbook Air que tiene ya 9 años y un tecladito midi de 30€ con solo dos octavas. Ese soy yo. Yo soy el único responsable de tirar de mí mismo y hay días que eso solo me da para lo mínimo, que es hacer ejercicio, meditar, comer, leer y ver las chicas Gilmore. Hay días que me pongo a practicar pero ya había gastado todas mis energías simplemente para motivarme y mientras canto no saco nada en claro y luego pienso que menuda pérdida de tiempo y energías. Hay días que paso 3 horas trabajando para encontrar el sonido perfecto de bombo sintetizado para una canción que estoy haciendo y cuando termino pienso que nunca terminaré ese proyecto y que menuda pérdida de tiempo. Y así todos los días. Pero en lo que sí noto avance es en perdonarme y en atender mis necesidades. Este post es un ejemplo de mi nuevo yo autocompasivo. En vez de sentirme fracasado por no escribir sobre técnica vocal, que era mi objetivo inicial, me siento a escribir sobre por qué no escribo sobre técnica vocal. Algo es mejor que nada. Y así consigo a veces incluso salir temporalmente de las arenas movedizas.


Estamos de aniversario pandémico y haciendo balance, éste no ha sido un año malo a nivel personal. Hoy soy más yo que nunca antes. Pero si pongo la atención en el día a día, hora a hora, segundo a segundo, veo la lucha constante que está suponiendo. Fatiga total. La incertidumbre, un año después, no va a menos. Nadie sabe cómo va a ser este verano aunque ya estamos en primavera. No sé quién seré yo entonces, ni dentro de un año cuando celebremos el segundo cumpleaños del virus. No sé si tendré muchas canciones terminadas para enseñarle al mundo (ojalá que sí) o si tendré un contrato editorial para escribir un libro sobre ópera queer (ojalá que también), lo único importante es que hoy lo he intentado de nuevo, he hecho lo que he podido para estar un poco más cerca de mis objetivos, pero eso sí, sin descuidar nunca mi bienestar.

19 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo