• Daniel Arnaldos

bosé, y la música, qué?

La entrevista de Jordi Évole a Miguel Bosé da para hablar de todo lo que existe bajo el cielo. El periodismo tiene en sus manos un debate interesantísimo sobre si darle voz o no al negacionismo. Los psicólogos tienen también material para rato entre las drogas y el trauma generado por el momento bambi… Y así profesión por profesión cada uno puede sacar de la conversación lo que más le llame la atención y llevarlo a su terreno. Pero fíjate, que siendo el entrevistado un músico, la música no parece ser un tema de interés para nadie, incluidos entrevistador y entrevistado. ¿Será que Bosé no tiene nada que decir de música, o que la gente no tiene ganas de oír hablar de música? Y cuando digo “música” no me refiero solo a la forma de arte (canciones, tendencias y demás) me refiero sobre todo a la industria, a la situación de los empleados del sector. Es curioso que durante la entrevista Bosé se niega a hablar con un científico porque no estaría a la altura argumental, alega que podría hablar con alguien “de lo suyo”, de lo que él sabe. ¿Qué es eso de lo que él podría hablar por ser “lo suyo”? ¿Por qué se le pregunta a alguien sobre cosas que claramente no conoce, pero no se le pregunta por lo que sí puede saber? ¿Estamos ante una “plandemia” contra la música? ¿Está alguien conspirando para que no se hable de este sector o simplemente es dejadez interesada, porque desde el boom del MP3 ya no hay dinero que sacarle a las fans? Precisamente por este proceso histórico/económico de digitalización, el hecho que no haya músicos en prime time hablando de música es bastante lógico: no da dinero. Pero a mí me llama la atención que, en el tiempo en el que nos ha tocado vivir, sí hay por ejemplo científicos que te hablan de lo suyo en prime time. Hacen conexiones en directo para explicar la diferencia entre adenovirus y ARN o los diferentes índices con los que hay que medir la pandemia. También hay médicos que van en directo y hablan de lo suyo, sus situaciones profesionales, sus reclamaciones colectivas. Pero los músicos, cuando van, hablan de todo menos de música. Ten en cuenta que la música en directo lleva más de un año parada en todo el mundo pero la televisión, de esto, no se está acordando nunca. ¿Por qué? Somos el colectivo que más restricciones sufre y al que menos caso se le hace. La narrativa establecida parece venir a decir que los bares (y por lo tanto el consumo de alcohol) suponen el único espacio posible de ocio en el mundo capitalista. Y como la hostelería es el “mayor perjudicado” de la pandemia, también hay dueños de restaurantes que conectan en directo para hablar de lo suyo. Los músicos, sin embargo, no existimos y por lo tanto la música tampoco. Que en este momento tan doloroso para una industria tan olvidada y castigada no haya ni una mención a la música y los músicos por parte de Bosé es francamente lamentable. Pero es que yo sospecho que a Miguel Bosé nunca le importó la música.

Sí se hicieron referencias a su carrera (como “músico”) que a mí me sirven estupendamente para confirmar lo que llevo observando desde niño con respecto a "la industria" del pop. Contextualicemos: el auge profesional de Miguel Bosé no se puede desligar del privilegio aristocrático en el tardofranquismo y su carrera creativa se desarrolla hasta que Spotify empieza a controlar la industria. Desde que existe la música digital Bosé, como tantos otros de su tiempo, no viven más que de las rentas. ¿Casualidades históricas?. No. Utilización de la mercadotecnia en favor de los que nacen teniendo. Bosé es quizá el mejor representante de lo que fue la España de la transición a la democracia liberal (con énfasis en liberal), y la utilización de la música como herramienta de propaganda de un modelo de consumo que ha generado una desigualdad insoportable y nos ha dejado arruinados tanto económica como moralmente. Estamos hablando de un mercado controlado casi en su totalidad por unas pocas casas discográficas, unas pocas radios y unas pocas distribuidoras. Lo que no pasara por ahí, no tenía forma de subsistir, pero quien tuviera la suerte de pasar por ahí muy probablemente se haría millonario. Bosé nunca ha hecho música al servicio de las musas, sino de unos poderes fácticos cada vez más globales. Y claro, la industria fue víctima de su propio éxito.* Seamos honestos, Bosé pasó por ese aro por nacer con el nombre que nació de la misma manera que lleva a un rey ser rey. En la primera entrega de la entrevista confirmó sus privilegios sociales y genéticos sin rubor alguno presumiendo de haber nacido rico y famoso (referencias al caudillo incluidas). Me llamó también la atención lo referente a sus aspecto físico. Esa bromilla de que ahora es atractivo pero de joven era guapo, pero guapo, guapo... Él no se ha enterado todavía de que la belleza física es un privilegio genético que supone un prerrequisito para acceder a según qué espacios. Como todo privilegio, funciona como una herramienta de exclusión y Bosé, presumiendo de su belleza, lo que está haciendo es apología del guapismo, demostrando una vez más una falta de empatía y una soberbia que alcanzan su punto álgido en la parte de la entrevista dedicada a la pandemia. Uno no tiene la culpa de nacer con una flor en el culo, pero si pasada ya una edad no te has dado cuenta de que lo que tienes te ha venido mucho más fácil que a la mayoría, háztelo mirar.

Otro tema que se pasa por alto, como si no fuera algo fundamental, es la sexualidad. Estaría bien que alguien le preguntara a Bosé algún día, por qué nunca ha querido ser honesto con respecto a su identidad sexual. Dice que no le gusta hablar de su vida privada. Yo sospecho que no le habría importado tanto hablar de ella si esos novios a los que generosamente compraba chalés y parcelas hubiesen sido mujeres. ¿Por qué nos empeñamos todavía en separar aspectos de la vida humana en compartimentos estancos absurdos, como si no formaran un todo? Miguel Bosé reconoce haber sido drogadicto y haber tenido sexo a lo loco. Es decir, parece tener una relación poco sana consigo mismo. Me suena a autosabotaje, a hábitos autodestructivos, a homofobia interiorizada, a un secreto tan grande que necesitas drogas para poder seguir cargando con él. Él es víctima, como lo somos todes, de los mismos procesos de opresión. Yo no digo que Bosé tenga la responsabilidad de hacer activismo queer y que haya que echarle en cara que no usara el altavoz que tenía para hacernos al resto la vida un poco más fácil. Lo que sí digo es que si Bosé está así de roto, mucho de ese roto tiene que ver con la LGTBIfobia que es un factor de riesgo, demostrado científicamente, que hace más prevalentes los problemas de salud mental. Cuanto más pongan los medios de comunicación el foco en: “Bosé está cucú”, menos lo pone en “¿Qué razones puede haber para que Bosé esté cucú?”. Y si se intenta responder a esa pregunta lo primero de lo que habrá que hablar será de sexualidad y lo segunda de la fama tal y como se entiende en las sociedades consumistas. Las personas no deberíamos nunca, bajo ningún concepto, ser bienes de consumo deshumanizados. Que se nos adoctrine desde niños para pensar, como yo crecí pensando, que para conseguir algo en el mundo de la música (o del espectáculo en general) tenía que entregarme a una industria todopoderosa para que manejara mi existencia, no es sano ni para los individuos ni para la creación musical. Yo, como tantos otros, soñaba absurdamente con ir a OT y que me dieran un contrato discográfico. Hoy hay miles de niños, niñas y niñes exponiéndose en las redes sociales sin límites con la esperanza de que alguien les dé la oportunidad de ganarse la vida haciendo música profesionalmente. Esta toxicidad laboral lleva décadas provocando todo tipo de problemas psicológicos para las personas que tienen la “suerte” de ser “descubiertos” (usados y tirados) por una industria sin ética. De todo eso habría yo hablado con Bosé. No tratar temas que generan sufrimiento porque otros asuntos son más “candentes” es cruel. Es una forma de violencia mediática.

Dicho lo malo, el gran éxito de Évole en esta entrevista es ese retrato tan claro de lo absurdo que es el negacionismo. No hay discusión al respecto en la opinión pública española: cuando alguien piensa así, algo está fallando. Pero si nos quedamos en esa conclusión, ¿de qué ha servido la entrevista? Tenemos que preguntarnos: ¿qué está fallando? y a lo mejor la respuesta la encontramos, entre otros sitios, en la música.


*Este proceso neoliberal del que hablo lo hemos visto en todos los sectores y no solo en el cultural desde hace décadas. Esta semana nos ha dejado en los medios un ejemplo claro de las inercias del capitalismo con el debate de la Súperliga: los que más tienen hacen lo que sea por continuar creciendo, aunque a la larga se destruyan a sí mismos y por el camino se dejen a los que menos tienen.

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